Alí Bey, un catalán 'convertido'
al Islam y espía de Carlos IV
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Alí Bey, o mejor
dicho el catalán Domingo Badía
Para los
tangerinos el nombre de Alí Bey
está relativamente relacionado
con un barrio ubicado en la
prefectura de Tánger Beni Makada
que lleva el mismo nombre y
donde muchos recuerdan su
estatua que supuestamente fue
robada o trasladada a otro
sitio.
Alí Bey, o mejor dicho Domingo
Badía, fue un catalán que pudo
esconderse durante muchos años
en la piel de un musulmán
viajando a través de varios
países, entre ellos Marruecos.
La verdadera identidad de este
viajero espía, así como el
auténtico objetivo de su viaje a
Marruecos se pudo revelar
gracias a sus propios
manuscritos, preservados en la
biblioteca de Cataluña. Su
biografía fue objeto de varios
estudios, entre ellos la
investigación de Patricia
Almárcegui, profesora de la
Universidad de Cataluña y autora
del libro 'Alí Bey y los
viajeros europeos a Oriente’.
Domingo Badía nació en Barcelona
en el año 1767 y desde muy joven
“se manifestó como un pobre
ilustrado”, explicó la profesora
Patricia Almárcegui en una
conferencia celebrada en Tánger.
La profesora cuenta que domingo
Badía en su juventud vendió
todas sus pertenencias para
fabricar y hacer volar un globo
aerostático, un experimento que
duró cinco meses y que fracasó
tras la denuncia de su propio
padre, quien temió por su vida.
La vida de este aventurero
catalán cambió radicalmente
cuando creó un proyecto que
denominó 'Viaje a África’ y que
presentó a Manuel Godoy,
entonces ministro del rey Carlos
IV y así consiguió la
autorización y la financiación
del viaje por la corona
española, pero con la condición
de cambiar el objeto del viaje
científico a una conquista del
imperio de Marruecos.
Antes de emprender el viaje a
Tánger, Domingo se sometió a una
operación de circuncisión, se
dejó crecer la barba, se
disfrazó y envió una carta al
cónsul de España en Tánger,
Antonio Rodríguez Salmón
aclarando textualmente y tal
como figura en sus manuscritos
la estrategía de su conquista.
“Para esas gentes yo seré un
siríaco musulmán, educado en
Europa desde muy niño, habiendo
pasado mi tiempo en el estudio
de las ciencias en Italia,
Francia, España e Inglaterra, y
retirándome ahora a los países
de mi religión. La nobleza de mi
familia y mi aplicación a las
ciencias, me han adquirido
amigos en todas partes… casi he
olvidado el idioma patrio, pero
conservo las oraciones del Corán
aprendidas de niño y siempre
practicadas, y poseo las lenguas
europeas. Tal es el romance que
deberemos vender para lograr el
gran objetivo de mi misión y
nadie podrá identificar cosa
contraria, pues desde Londres
tomé el traje musulmán y en
Cádiz nadie me conoce sino como
tal”.
Alí Bey llegó a Tánger el 29 de
julio de 1803, fecha del
comienzo de su primer viaje que
durará 6 años. Su estancia en la
Ciudad del Estrecho le causó
varias impresiones, por eso le
dedicó tres capítulos de su
libro, posteriormente publicado.
Como todos los viajeros de su
época, Alí describe la cuidad
como un cientifíco: “El terreno,
que forma la base de la costa de
Tánger, se compone de diferentes
capas de granito secundario de
textura compacta granulosa fina.
Dichas capas, inclinadas hacia
el oriente, forman con él un
ángulo de 50 a 70 grados; su
espesor es ordinariamente de pie
y medio a dos pies; su dirección
en sentido este-oeste y su
inclinación para formar el
ángulo es del lado del norte”.
Trato privilegiado
Asimismo, el espía consiguió
mantener privilegiadas
relaciones con el Sultán Muley
Soulaiman que le regaló una casa
en Mogador (actual Essaouira) y
Marrakech, un trato que levantó
las sospechas del resy español
Carlos IV y ordenó el fin de su
viaje y su regreso a España.
Patricia Almárcegui anota en su
libro que “parece que cuando
Carlos IV se enteró del trato de
preferencia-cortesía incluso
amistad y regalo de propiedades,
no quiso abusar de la confianza
del marroquí y decidió detener
el proyecto… Sin embargo, casi
con toda seguridad la razón que
obligó a frenar el proyecto fue
la certeza de que el plan de
Godoy había ido demasiado lejos
y cuestionaba el equilibrio
político europeo”.
Pero el retorno de Alí Bey no se
lleva a cabo porque "Manuel
Godoy decide que la operación no
tiene que terminar y pasa ser
ultra secreta, es decir no dicen
nada a Carlos IV. Alí Bey y
Manuel Godoy siguen su proyecto
de conquista, un proyecto que da
muchas vueltas, en cierta manera
débil, y quizá torpe en algunos
momentos, pero se intenta
concretar intentando hablar y
reunirse con determinadas tribus
precisamente rifeñas que eran
rebeldes contra el imperio”
explica la profesora.
Durante su instancia en
Marruecos, Alí Bey pudo
transmitir a Godoy todas las
informaciones sobre el país y
los futuros herederos del trono,
así como las diferentes tribus
rebeldes que según él estarían
dispuestas a colaborar con su
plan de conquista.
La estancia de Alí en Marruecos
se termina cuando comenzó a
levantar las sospechas del
sultán quien le ‘invitó’ a
abandonar el país, y le embarcó
fuera del Estado.
Los manuscritos de Badía
confirman que durante su
estancia en Marruecos tuvo un
hijo (Otman), fruto de un
matrimonio en la ciudad de Fez,
lugar donde la madre y el niño
vivieron bajo la protección de
un amigo suyo llamado Idriss
Rami.
Tras su expulsión, Alí Bey no
quiso parar su viaje y decidió
viajar a La Meca, donde pudo
realizar los primeros grabados y
dibujos legando a Occidente la
primera descripción detallada
del lugar santo de los
musulmanes.
Hay que anotar que la vida de
Ali Bey está repleta de
misterios. El autor español
López Bargados resaltó las
singularidades de Badía dentro
de los libros de viajes y
avanzaba la hipótesis de una
posible enfermedad psíquica y
una supuesta conversión al
Islam. “Las reflexiones que
propone sobre su religión de
acogida, el Islam, están
impregnadas a menudo de una
lucidez y una vocación de
síntesis que resulta difícil de
hallar en el resto de viajeros”,
sostiene López Bargados.
Por otra parte, el autor
Salvador Barberá, como experto
en Alí Bey llegó a describirle
como un 'esquizofrénico'
asegurando que su proyecto de
conquista no deja de ser una
mera fantasía.
La verdadera identidad de Ali
Bey se mantuvo en secreto hasta
1814, cuando se publicó la
primera edición de su viaje en
francés, y hasta 1836 se editó
la traducción de su obra al
español.
Domingo Badía murió en Damasco
cuando estaba iniciando su nueva
misión y adoptó una tercera
personalidad, pasando a llamarse
Hajji Ali Abu Utman, que
significa, 'el peregrino Alí'.
Sobre su muerte quedan más
conjeturas que certidumbres.